Economía política

“Factores determinantes para explicar los procesos de convergencia o divergencia económica global”

Introducción

La literatura sobre el crecimiento económico a largo plazo y los respectivos análisis empíricos reaparecieron con gran vigor en las últimas décadas, a partir del desarrollo de la teoría del crecimiento de Solow (1956) y de las contribuciones de la nueva economía institucional de Douglas North.

Una de las grandes cuestiones analizadas por la teoría económica gira en torno a si las disparidades en la renta per cápita han tendido a disminuir (convergencia) o a aumentar (divergencia). El tema medular del debate se centra en el desempeño económico de los distintos países y sus tendencias hacia la convergencia o divergencia. En ese marco, diversas posturas han intentado dar respuesta a preguntas como: ¿qué explica el hecho de que los países del África Subsahariana y Oriente Próximo sigan siendo pobres, mientras que gran parte de los países del este asiático han experimentado rápidas tasas de crecimiento?

Se han desarrollado diversos argumentos teóricos, muchos de los cuales se derivan sustancialmente de la formulación neoclásica del crecimiento económico, la cual sostiene que los países con un bajo valor inicial de dotación de capital por trabajador podrían crecer más rápido que aquellos que ya cuentan con un alto grado de desarrollo, debido a los rendimientos decrecientes del capital. No obstante, esta predicción no concuerda con la evidencia empírica, ya que, como sugiere la historia, la mayoría de las economías en desarrollo han experimentado procesos de divergencia económica en lugar de convergencia. Dado este contexto, los factores internos se consideran de gran relevancia para explicar el desarrollo y la convergencia económica de las naciones. Como argumentan autores como Cardoso y Brignoli(1979), los factores externos, por sí solos, no pueden cambiar las tendencias del crecimiento a largo plazo si no van acompañados de considerables cambios internos.

El objetivo de este análisis es identificar los factores clave que contribuyen al crecimiento económico de los países y permiten avanzar hacia la convergencia económica global. El argumento principal del trabajo se divide en dos grandes partes. Inicialmente, se presenta los aspectos de las posturas que consideran a los factores externos como la principal causa delsubdesarrollo, contrastándolos con aquellas que destacan la importancia de los factores internos. Se hará un balance crítico de dichos argumentos y de la evidencia empírica para finalmente presentar las conclusiones.

Factores externos  

Una reducción de la brecha del ingreso per cápita entre los países ricos y pobres implica la verificación de la hipótesis de la convergencia, postulada por la ortodoxia del desarrollo quienes abogan que las políticas de libre mercado permitirán alcanzar la prosperidad económica de un país. En el fomento de estas “buenas políticas”, la historia de los países ricos suele utilizarse como referencia ejemplar, sugiriendo -de forma explícita o implícita- que aquellos países que no siguen dichas políticas están destinados al fracaso. A esta postura optimista del desarrollo, se contrapone las teorías del crecimiento endógeno que postulan la hipótesis de la divergencia, en la que la presencia de externalidades justifica diversas maneras de intervención pública. Así planteado, el debate es relevante, ya que cada enfoque implica estrategias de desarrollo económico distintas.

Los factores externos ponen énfasis en los modelos de exportación o modelos de globalización. Los economistas librecambistas abogan por la liberalización del comercio a gran escala en los países de la periferia, aduciendo que al exponerse a una mayor competencia se crea el incentivo de aumentar su productividad. De ahí, que en la retórica de la globalización se penaliza al Estado argumentando que las políticas intervencionistas estarán atestadas de corrupción por parte de los políticos y la protección genera ineficiencia económica.

La idea de que los países en desarrollo deben abrirse al mercado mundial y eliminar barreras arancelarias no ha dado los resultados esperados –salvo algunas excepciones-, ni en términos de crecimiento económico ni en la mejora del bienestar de la población. Tal es el caso de América Latina, en el que la globalización se tradujo en la volatilidad de los precios, lo que produjo una mayor divergencia en las tasas de crecimiento. A esto se suma que las economías más desarrolladas promueven el libre comercio y el libre mercado en los países en desarrollo no solo como una recomendación de política, sino también como una estrategia para ampliar sus propios mercados y evitar la aparición de nuevos competidores. Esta práctica ha sido descrita por Chang (2002) como una «patada a la escalera», en referencia a cómo los países ricos, tras haber utilizado políticas proteccionistas en su propio proceso de desarrollo, ahora desalientan su uso en otros contextos. En este escenario, resulta imperativo impulsar el crecimiento de los mercados internos como base para un repuntesostenido de las exportaciones, acompañado del fortalecimientodel sistema financiero nacional. La creación de mercados internos sólidos, capaces de competir con el sector externo, se vuelve así una condición necesaria para un desarrollo económico más equilibrado.

En cuanto a la migración internacional, se considera que su gran detonador es la globalización puesto que abarata los flujos migratorios. Desde una mirada optimista, influida por la economía neoclásica y algunas corrientes de la teoría moderna de desarrollo,se argumenta que la migración beneficia a los países de origen porque contribuye a su crecimiento económico. Sin embargo, dicha postura no cuestiona las causas estructurales, institucionalesy políticas de la migración. Al centrarse únicamente en los efectos económicos de la migración, termina descontextualizando el fenómeno y omitiendo los complejos problemas del desarrollo que la subyacen. Dicha situación puede incluso reforzar el status quo,debido a que los gobiernos de los países de origen estimulan la migración y ésta pasa a desempeñar un mecanismo de seguridad político-económico a fin de desatenderse de problemas tales como el desempleo estructural, la pobreza y el descontento político. Ejemplo de tales países destacan Marruecos, Egipto y Túnez en el norte de África (Gammage, 2006; Castles, 2007; Haas y Vezzoli, 2010). Además, la migración internacional puede debilitar las económicas locales al provocar la fuga de sus recursos humanos más capacitados -la llamada fuga de cerebros-, lo que limita aún más sus posibilidades de desarrollo a largo plazo.

Pese a que las remesas derivadas de la migración pueden generar ciertos beneficios a nivel individual o familiar, estas por sí solas no pueden generar procesos de desarrollo estructural ni resolver problemas profundos como las desigualdades socioeconómicas, la inseguridad jurídica o las deficiencias en las políticas macroeconómicas. Si queremos entender por qué la mayoría de las remesas no se destinan a la inversión productiva, debemos preguntarnos por qué tampoco se invierte gran parte de los ingresos en general. La respuesta apunta a la falta de oportunidades reales de inversión en los países de origen (Clemens y Ogden, 2014, pág. 6). Este tipo de transformación no pueden lograrse sin cambios sustanciales en la estructura económica y en el entramado político e institucional. Algunos autores como Hamdouch et al. (1979) sostienen que las condiciones económicas y políticas imperantes en países como Turquía y Marruecos explican por qué pocos migrantes regresen e invierten en sus lugares de origen.

Factores internos como condicionantes de la convergencia/divergencia económica  

Un análisis minucioso de la historia económica de las grandes potencias revela que el camino que siguieron para alcanzar el desarrollo no se basó en políticas de liberalización comercial, como a menudo se promueve hoy, sino en fuertes medidas intervencionistas (Chang, 2002). En sus etapas iniciales, estos países aplicaron políticas como aranceles, subsidios, barrerasaduaneras y protección a industrias incipientes. Un caso emblemático es el de Gran Bretaña, que durante su ascenso económico y liderazgo tecnológico protegió activamente a suindustria naciente e incluso mantuvo el proteccionismo hasta muy avanzada la Revolución Industrial, y solo lo abandonó cuando su ventaja tecnológica ya estaba consolidada. Dicho periodo del libre comercio imperialista concluyó cuando Gran Bretaña redujo su preeminencia manufacturera, momento en el cual se reintrodujeron los aranceles (Chang, 2002, pág. 24). Otro ejemplo lo constituye Estados Unidos, que no adoptó políticas de libre comercio hasta haber aprovechado plenamente los beneficios del proteccionismo. De hecho, sus industrias estuvieron entre las más protegidas del mundo hasta la segunda guerra mundial. Visto así, las instituciones desempeñan un papel clave en el crecimiento y desarrollo económico a largo plazo. Son ellas las que definen las reglas del juego.

De acuerdo con los neo-institucionalistas, las instituciones son el factor central para explicar el desarrollo económico y las diferencias en las tasas de crecimiento entre los países. En otras palabras, la calidad de las instituciones económicas y políticas es clave para entender las brechas de ingreso per cápita y, en última instancia, el desempeño económico de una nación. Acemoglu, Johnson y Robinson (2001, pág. 1369) sostienen que: “los países con mejores instituciones, derechos de propiedad más seguros y políticas menos distorsionadas invertirán más en capital físico y humano, y utilizarán estos factores de manera más eficiente para lograr un mayor nivel de ingresos”. Un ejemplo de aquello es la experiencia asiática. En las fases iniciales de su desarrollo, el gobierno de Japón se encargó de modernizar el sistema legal y lainfraestructura básica, además de fundar universidades y centros de investigación orientados principalmente a la ingeniería y la ciencia aplicada. También destinó grandes cantidades de recursos a la investigación, el desarrollo y la innovación. Por ello, la promoción de industrias nacientes se ha consolidado como un factor clave en el crecimiento y desarrollo de muchas naciones.

Empero, en la actualidad, una política considerada como adecuada para lograr convergencia económica no solo depende de las características de las políticas que parecían funcionar bien en el pasado, sino que también debe considerar el actual contexto económico, político, tecnológico, institucional y social, siendo cada vez más estrictas las condiciones para ponerse al día, tal como el cambio tecnológico radical de las últimas décadas. Por ejemplo, cuando Japón comenzó sus esfuerzos para converger conOccidente, la brecha tecnológica era considerablemente menor en comparación con la que enfrentan hoy los países en desarrollo. Además, su nivel de educación ya era favorablemente comparable con el de otras economías de la época (Odagiro & Goto, 1996).

Otro ejemplo lo constituyen Corea y Taiwán, en los que el Estado desempeñó un papel importante en una etapa temprana. Los gobiernos de dichos países intervinieron en gran medida a través de políticas arancelarias y apoyo financiero para estimular el crecimiento de las industrias locales. Para estos países las políticas industriales, educativas y tecnológicas fueron complementarias y no sustitutas. Además, la forma en la que implementaron dichas políticas de manera coordinada y sostenida probablemente explica una buena parte de su ascenso económico.

En el otro extremo, están los países de América Latina, que impulsaron industrias estratégicas, pero sin invertir suficiente en habilidades y capacidades tecnológicas. No se destinó una inversión adecuada a activos complementarios como la educación superior, la I+D y la innovación, ni se ofrecieron incentivos suficientes para fomentar la mejora tecnológica o un entorno competitivo dinámico, lo cual se reflejó en su fracaso en avanzar hacia la convergencia.

En cuanto a la hipótesis geográfica —o la teoría de que los países tropicales son pobres y los países templados son ricos—, la historia demuestra que no existe un vínculo permanente entre el éxito económico y el clima o la geografía. Por ejemplo, al momento de la conquista de América, zonas como México, América Central y Perú fueron el centro de grandes civilizaciones, como la azteca y la inca, que construyeron carreteras, contaban con riquezas y desarrollaron sistemas de escritura. A diferencia de las zonas del norte y del sur, como Canadá, Estados Unidos y Argentina, que estaban habitadas por civilizaciones menos avanzadas y, por lo tanto, carecían de esas tecnologías. En ese periodo, las regiones tropicales eran más ricas que las templadas, lo que sugiere que la pobreza no está determinada por el clima. La riqueza de Estados Unidos y Canadá constituye un cambio radical que se produjo a partir de la llegada de los europeos. Dicho cambio obedecería, como sostienen Acemoglu y Robinson (2012), al tipo de instituciones que se desarrollaron tras la colonización. Desde este punto de vista, la transformación estructural es fundamental para mantener el crecimiento y la convergencia en el largo plazo. Es decir, tal como apunta Bértola (2011), las instituciones coloniales importan, pero sin perder de vista cómo estas se han transformado en relación con las dinámicas internacionales y los cambios tecnológicos.

Como se ha podido destacar, los cambios estructurales están íntimamente ligados a los factores internos. Así, el éxito con que cada país desarrolle sus instituciones —las cuales impulsen la competitividad internacional— resultará decisivo para lograr la convergencia con los países líderes. Cabe resaltar que no se debe negar la importancia de los factores externos, pero su impacto dependerá de que exista una estructura interna previamente consolidada.

Conclusiones

A lo largo de este breve análisis se ha procurado dar respuesta a preguntas como: ¿cuáles son los factores económicos e institucionales que explican los procesos de convergencia o divergencia entre naciones? Para ello, se contrastaron las posturas que sostienen que los factores externos —como la apertura al libre comercio— son determinantes del crecimiento, con aquellas que enfatizan el papel decisivo de los factores internos en el desarrollo económico. Del análisis realizado se concluye que los países desarrollados, en sus fases iniciales de crecimiento, aplicaron activamente políticas industriales y comerciales de carácter intervencionista para promover y proteger sus industrias incipientes. Por ende, los factores institucionales, la industrialización de la estructura productiva, la inversión en educación, investigación industrial y tecnológica, así como el acceso al crédito para las actividades productivas, resultan fundamentales para explicar los procesos de convergencia global. En última instancia, son las condiciones internas las que determinan el crecimiento, incluso cuando las condiciones externas resultan favorables.

 

Bibliografía

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