Economía política

Apuntes acerca de la reestructuración de la deuda China

¿De dónde sale esta deuda?

Si uno recuerda el año 2008, existió una estrategia ecuatoriana de recompra de deuda, para muchos analistas un éxito (incluyendo a The Economist), porque redujo considerablemente la deuda externa inmediatamente.

Pero sucede que un país como el nuestro, con un montón de necesidades necesita inversiones (como hidroeléctricas, escuelas, carreteras, todo eso que aumenta la productividad de todo mundo pero que ningún agente privado tiene incentivos para hacerlo por su cuenta), y esas inversiones requieren financiamiento.

Obviamente no nos iban a prestar aquellos a quienes les acabábamos de recomprar su deuda a una fracción de su valor nominal, pero se dio la circunstancia particular que China ya contaba con una cantidad interesante de dinero disponible (en dólares, y teóricamente infinita en yuanes) y expandiendo sus intereses comerciales por todo el mundo. ¿Por qué? Porque requerían insumos para sus industrias que empezaban a crecer, pero sus industrias aún no tenían los enclaves que las empresas europeas o norteamericanas ya tenían. Y el petróleo sucede que es un insumo importantísimo para la industria por todos los derivados que se pueden obtener de él (no es sólo energía, es plástico, es cosméticos…).

Así que se encontraron la necesidad de petróleo con la necesidad de financiamiento, y surgen los contratos de preventa petrolera. No es que se tengan muchos detalles de ellos, pero sí se puede asegurar que los precios de preventa no son fijos, sino que van variando dependiendo de los precios del mercado pero con alguna penalización. El interés chino no era el precio, sino la disponibilidad del producto.

¿De qué se trata el acuerdo al que llega el gobierno?

En una deuda, existen varios parámetros y las cláusulas pueden determinar una menor o mayor complejidad, pero, podríamos simplificar diciendo que en la deuda se ofrece pagar unas cuotas de tal forma que, al finalizar un determinado plazo, se haya pagado el monto total de la deuda más lo correspondiente al interés generado.

Cuando uno reestructura una deuda, por lo común el monto no varía, entonces, lo que se suele ofrecer es que se pagan cuotas más bajas durante mayor tiempo y así se cubre el monto y el interés. Se entiende que, como ahora el plazo es más largo, la suma total de las cuotas ahora será algo mayor que la suma de las cuotas si se hubiese cumplido el plazo original.

Esto no es otra cosa que alivianar las cargas en el futuro inmediato, pero asumiendo algunas obligaciones adicionales en el futuro más lejano. Esto es exactamente lo que hizo el gobierno:

Los créditos vencían hasta el 2024, ahora los extendió algunos hasta el 2027, y otros hasta el 2032. Logró también reducir un poco las tasas de interés, contar con una especie de “periodo de gracia” para un grupo de estos créditos y modificar las condiciones en las que se entrega el petróleo como parte de pago. Y básicamente hasta ahí sabemos del comunicado que el Ministerio de Finanzas emitió al respecto y algunas informaciones que se publicaron en medios locales (es curioso, por ejemplo, que el comunicado por error omite los cambios en las tasas de interés, pero esa información aparece en la página Primicias).

Pero aquí suceden algunas cosas curiosas: el gobierno publicita lo que se aliviana hasta el año 2024 ó 2025, pero en sus comunicados no dice nada acerca de lo que sucederá de allí hacia el 2027 o el 2032. Tampoco se explicitan aquellas condiciones de entrega del petróleo como pago de los créditos. Nunca fue un tema que debiera contar con una amplia divulgación, y no es un tema ni exclusivo del Ecuador, ni de responsabilidad exclusiva de los gobiernos. En parte porque nunca hubo un esfuerzo sistemático en darlo a entender, pero también porque tampoco es un asunto sencillo de explicar, y las imprecisiones en este tema pueden tener consecuencias, inclusive, desde el punto de vista diplomático.

¿Este acuerdo es bueno para el país?

Tomado de forma aislada, sí que podría parecer un acuerdo ventajoso para el país. Pero me atrevo a decir que su efecto real es más comunicacional que nada. Por las siguientes razones:

1. No existe una presión particular sobre la Reserva Internacional, que es lo que realmente importa al momento de pagar obligaciones internacionales

2. Los ingresos petroleros no están siendo utilizados el gobierno para obra pública o gasto social, se van básicamente a aumentar la Reserva Internacional

3. Dado que patearon parte del problema al siguiente gobierno, significa que el discurso de “estamos endeudados no podemos hacer nada” puede extenderse.

4. El mismo Econ. Augusto de la Torre ha dicho que “El efecto de la renegociación de la deuda no es tan importante cuantitativamente, porque la deuda con China es sólo de alrededor del 10% de la deuda externa total del gobierno. (…) La reducción en pagos de interés no será significativa cuantitativamente y, por tanto, realmente no va a abrir espacio fiscal para acomodar mayor gasto público”. Y tiene razón: en el mejor de los casos, si es cierto que tendremos de alrededor de USD 1.400 millones en 4 años (2022, 2023, 2024 y 2025), esto significa alrededor de USD 350 millones por año, que debe ser el 1% del Presupuesto General del Estado. Es mucho, y se podría hacer mucho, si estuviésemos hablando de un gobierno que aprovechase los recursos, pero cuando teníamos que alrededor de la mitad de los Ministerios (de un estudio de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo) tenían una ejecución menor al 30% en el primer semestre de este año, y la ausencia de obra pública ya se ha convertido hasta en un motivo de memes en las redes sociales, no parece que ese 1% del presupuesto haga una gran diferencia.

En consecuencia, es más una estrategia comunicacional. Así que estamos hablando de la renegociación China mientras se nos cuelan por ahí los problemas educativos, de salud, de seguridad, de migración.

¿Este acuerdo es mérito del gobierno?

Definitivamente debieron haber puesto su esfuerzo. Pero, no se puede negar que las circunstancias han cambiado. Recuerde que la China de 2008-2012 aún necesitaba apoyos estatales para conseguir insumos para sus industrias. Hoy, sus empresas ya se encuentran completamente integradas y siendo las locomotoras de cadenas globales de valor y, por tanto, ya no requieren de un gobierno tan activo en garantizarles la provisión de insumos. Por ello se entiende que hubo apertura para renegociar estos créditos.

Cabe mencionar que hace unos meses hubo una propuesta de canjear la deuda China por servicios ambientales. De haberse logrado, esa sí que hubiese sido una jugada memorable, por lo menos interesante. Pero tenemos lo que hay.

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