Divisas, Economía política, Referencia

MMT Blog 11: Teoría Monetaria Moderna y los distintos Regímenes de Tipo de Cambio

Esta entrada forma parte de una Introducción a la MMT, cuyo índice se encuentra aquí.

Por L. Randall Wray, traducido y adaptado por Daniel Carrera, de su original en New Economic Perspectives

Regímenes de tipo de cambio flexible vs regímenes de tipo de cambio fijo. Los blogs anteriores eran bastante generales y se aplican a todos los países que utilizan una moneda nacional. No importa si estas monedas están vinculadas a una moneda extranjera o a un metal precioso, o si flotan libremente- los principios son los mismos. En este blog examinaremos las implicaciones de los regímenes cambiarios para nuestro análisis.

Analicemos el caso de los gobiernos que no prometen convertir sus monedas en metales preciosos o cualquier otro elemento. Cuando se presenta un billete de $ 5 al Tesoro de EEUU, se puede usar para pagar impuestos o se puede cambiar por cinco billetes de $1 (o por alguna combinación de billetes y monedas para un total de $ 5)- pero el gobierno de EEUU no lo convertirá en ninguna otra cosa.

Además, el gobierno de los Estados Unidos no se compromete a mantener el tipo de cambio del dólar estadounidense en ningún nivel particular. Podemos designar al dólar estadounidense como un ejemplo de moneda soberana que no es convertible, y podemos decir que Estados Unidos opera con un tipo de cambio flexible. Ejemplos de tales monedas incluyen al dólar estadounidense, al dólar australiano, al dólar canadiense, a la libra esterlina, al yen japonés, a la lira turca, al peso mexicano, al peso argentino, etc.

En las siguientes secciones, distinguiremos entre estas monedas soberanas flexibles no convertibles y las monedas que son convertibles a tipos de cambio fijo.

El patrón oro y tipos de cambio fijos. Hace un siglo, muchas naciones operaban con un patrón oro en el que el país no solo prometía canjear su moneda por oro, sino que también prometía realizar esta redención a un tipo de cambio fijo.

Un ejemplo de tipo de cambio fijo es una promesa de convertir treinta y cinco dólares estadounidenses en una onza de oro. Por muchos años, este fue, de hecho, el tipo de cambio oficial de Estados Unidos de América. Otras naciones también adoptaron tipos de cambio fijos, vinculando el valor de su moneda ya sea al oro o, después de la Segunda Guerra Mundial, al dólar estadounidense.

Por ejemplo, el tipo de cambio oficial de la libra esterlina fue de $2,80 dólares estadounidenses. En otras palabras, el gobierno del Reino Unido proporcionaría $ 2.80 (moneda estadounidense) por cada libra británica presentada para ser convertida. Con un sistema internacional de tipo de cambio fijo, cada moneda tendrá un valor fijo en relación con todas las demás monedas del sistema.

Para cumplir sus promesas de convertir su moneda a tipos de cambio fijos, el Reino Unido tuvo que mantener una reserva de monedas extranjeras (y/u oro). Si se solicitaba que muchas libras esterlinas se conviertan, las reservas de divisas del Reino Unido podían agotarse rápidamente.

Existió una serie de medidas que podía tomar el gobierno del Reino Unido para evitar quedarse sin reservas de divisas, pero ninguna de ellas era muy agradable. Guardaremos la mayoría de los detalles para una discusión posterior. La elección se redujo principalmente a tres tipos de acciones: a) depreciar la libra; b) reservas en moneda extranjera; o c) deflactar la economía.

En el primer caso, el gobierno cambia la tasa de conversión a, digamos, $1,40 (moneda estadounidense) por libra británica. De esta manera, efectivamente duplica su reserva ya que solo tiene que proporcionar la mitad de la moneda extranjera que antes a cambio por la libra. Desafortunadamente, una medida de este tipo por parte del gobierno del Reino Unido podría reducir la confianza en el gobierno del Reino Unido y en su moneda, lo que en realidad podría aumentar las demandas de redención de libras.

En el segundo caso, el gobierno pide prestadas monedas extranjeras para satisfacer las demandas de conversión internas. Esto requiere prestamistas dispuestos a hacerlo y genera una deuda al Reino Unido, por la que se deben pagar intereses. Por ejemplo, podría pedir prestados dólares estadounidenses, pero luego se comprometería a pagar intereses en dólares- una moneda que no puede emitir.

Finalmente, el gobierno puede intentar deflactar o ralentizar la economía. Existe una serie de políticas que pueden usarse para desacelerar una economía- pero la idea detrás de las mismas es que un crecimiento económico más lento reducirá las importaciones de bienes y servicios en relación con las exportaciones. Esto permitirá que el Reino Unido alcance un superávit presupuestario en su cuenta externa, acumulando reservas de divisas.

La ventaja es que el Reino Unido obtiene divisas sin endeudarse. Sin embargo, la desventaja radica en que el crecimiento económico interno es menor, lo que generalmente viene de la mano de un menor empleo y un mayor desempleo.

Nótese que una deflación de la economía puede funcionar junto con una depreciación de la moneda para crear un superávit neto de exportación. Esto se debe a que una depreciación de la moneda hace que la producción nacional sea más barata para los extranjeros (entregan menos de su propia moneda por libra esterlina que antes de la depreciación), mientras que la producción extranjera es más cara para los residentes británicos (se necesitan más libras para comprar algo denominado en una moneda extranjera que antes de la depreciación).

Por tanto, el Reino Unido podría usar una combinación de las tres políticas para satisfacer la demanda de conversiones, aumentando su tenencia de dólares y otras monedas extranjeras.

Tipos de cambio flexibles. Sin embargo, desde principios de los 1970s, Estados Unidos, así como la mayoría de las naciones desarrolladas, ha operado bajo un sistema de tipo de cambio flexible, en el que el gobierno no promete a los ciudadanos convertir el dólar.

Por supuesto, es fácil convertir el dólar estadounidense o cualquier otra moneda importante en bancos privados y en quioscos de aeropuertos internacionales. Las casas de cambio realizan estas conversiones al tipo de cambio actual que se establece en los mercados internacionales (menos las tarifas cobradas por las transacciones). Estos tipos de cambio cambian día a día, o incluso minuto a minuto, fluctuando para igualar la demanda (de quienes intentan obtener dólares) y la oferta (de quienes ofrecen dólares por otras monedas).

La determinación del tipo de cambio en un sistema de tipos de cambio flexibles es sumamente compleja. El valor internacional del dólar puede verse influenciado por factores tales como la demanda de activos estadounidenses, la balanza comercial estadounidense, las tasas de interés estadounidenses en relación con las del resto del mundo, la inflación estadounidense y el crecimiento estadounidense respecto al resto del mundo. el mundo. Hay tantos factores involucrados que aún no se ha desarrollado ningún modelo que pueda predecir de manera confiable los movimientos de los tipos de cambio.

Sin embargo, lo importante para nuestro análisis es tener claro que, con un tipo de cambio flexible, un gobierno no teme quedarse sin reservas de moneda extranjera (o reservas de oro) por la sencilla razón de que no convierte su moneda nacional a moneda extranjera a un tipo de cambio fijo. De hecho, el gobierno no promete realizar ninguna conversión.

En la práctica, los gobiernos que operan con tipos de cambio flexibles sí mantienen reservas en divisas, y ofrecen servicios de conversión de moneda para la conveniencia de sus instituciones financieras. Sin embargo, las conversiones se realizan a los tipos de cambio actuales del mercado, en lugar de evitar que el tipo de cambio se mueva.

Los gobiernos también pueden intervenir en los mercados de cambio de moneda para intentar empujar el tipo de cambio en la dirección deseada. De la misma manera, pueden usar la política macroeconómica (incluida la política monetaria y fiscal) en un intento de afectar los tipos de cambio. A veces esto funciona y a veces no.

El punto es que, bajo un esquema de tipo de cambio flexible, los intentos de influir en los tipos de cambio son discrecionales. En contraste, con un tipo de cambio fijo, el gobierno se ve obligado a utilizar ciertas políticas para evitar que el tipo de cambio se mueva. El tipo de cambio flexible asegura que el gobierno tenga mayor libertad para perseguir otros objetivos- como el mantenimiento del pleno empleo, un crecimiento económico suficiente y la estabilidad de precios en la economía.

A medida que continuemos con esta discusión en las próximas semanas, sostendremos que una moneda flexible brinda más espacio para las políticas- es decir, la capacidad de utilizar la política fiscal y monetaria interna para lograr los objetivos de política. En contraste, un tipo de cambio fijo restringe el espacio para la implementación de políticas. Aquello no significa que un gobierno con un tipo de cambio fijo no pueda aplicar políticas internas. Eso depende. Un factor importante reside en su capacidad de acumular suficiente moneda extranjera (u oro) para poder defender su moneda.

La próxima semana, sin embargo, tomaremos un ligero desvío para examinar el también llamado dinero commodity. El tipo de cambio fijo basado en un patrón oro, ha sido una realidad en tiempos relativamente recientes. Y durante gran parte de los últimos dos milenios, los gobiernos emitieron monedas con contenido de plata y oro. Muchos equiparan esto con el “dinero commodity”- un sistema monetario supuestamente basado en metales preciosos, de hecho, en el que el valor del dinero deriva del oro o la plata incorporados en el mismo.

Sin embargo, llegaremos a una sorprendente conclusión. Incluso las monedas de oro y plata son IOUs estampados en metal. No son ejemplos de dinero commodity. Son monedas soberanas.

1 comentario en “MMT Blog 11: Teoría Monetaria Moderna y los distintos Regímenes de Tipo de Cambio”

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